miércoles, 7 de febrero de 2007




Cada día es una aventura y por supuesto que postular al Fondart también lo es. En este momento no voy a lanzar críticas al Fondo este, aunque pueden postear sobre eso.


Era 2 de febrero, 14 hrs. y por fin aprieto el botón validar y enviar el formulario por internet. Quedaba mucho aún por imprimir, todo por hacer las cosas tarde, lo sé, pero además ¿el fondart no se cerraba en marzo?, bueno, la cosa es que se cerraba a comienzos de febrero.

Un cuarto para las 5 y yo, con una parner, imprimiendo y ordenando el despelpote que teníamos sobre la mesa.


"- las cartas originales ¿están todas?


- Sí, está. Falta copia de las cotizaciones.


- Ya.


- ¿Y estás adonde van, co financiamineto, carta compromiso?


- A ver... ésta aquí y ésta... está repetida, a la basura."


Y muchas horas de penosas conversaciones como esas. Dieron las 5, plazo final y estabamos anillando. Yo pensaba ¡ quiero llorar, quiero llorar ¡, mientras el viejo que anillaba a dos por hora pensaba que yo era una histérica. Lo soy, y que tanto, un profe que tuve de psicología decía que lo mejor era casarse con una histérica... averiguen ustedes por qué.


El tema es que llegamos a San camilo casi a las 6. Los guardias con vocación de milico nos trataron pésimo, que nos fuéramos, que no se podía entrar, con un tono de no muy caballero.

Les pedimos entrar al baño y tampoco nos dejaron, yo andaba con mi hija de 4, ni por eso nos prestan el baño.


La cosa es que en esa interminable espera de no dejarnos vencer, mirando cuál muro era el adecuado para saltar discrétamente y hacer acecho hasta el segundo piso, para entregar finalmente el proyecto por el que no vi pisina alguna en el mes de enero.


En eso, como de película, se comienza a abrir el portón electrónico para dar salida a un auto. Yo agarro a mi hija y grito a mi amiga que entremos. Rápidamente estos perros guardianes nos agarran y nos dicen que nos tenemos que ir, les rogamos, actuando de niñas buenas, que nos preste el baño, que la niña lo necesita y que por eso nos colamos. El menos bravo de los guardianes asiente. Una vez en el baño, ya estábamos con un pie adentro, mirábamos a nuestro alrededor pensando qué hacer. En esos momentos me gustaría ser la bacana de la película, la súper héroe que resuelve todo. Y, en realidad, me acercaba a eso cada vez más.


Por mientras, una señora limpiaba el baño escuchando personal stereo, yo la miraba y miraba... y miraba. "Le voy a pedir a ella, por si aca", y le rogué que me ayudara. Ella aceptó altiro, le pasé los 2 mansos libros anillados, los metí en una bolsa y le pedí que porfavor me trajera timbrado un comprobante. Se fue. Nosotras saltabamos de alegría pero igual dudabamos si fuera a resultar o si la señora nos estuviera mintiendo y botara nuestro proyecto por ahí.


Esperábamos en el baño, ansiosas, nerviosas, mirando por la ventana a gente que estaba afuera sin poder entregar su proyecto.


En eso llega el guardia, nos dice que nos tenemos que ir. "Pero señor, disculpe, nos vamos altiro, es que mi amiga está un poco enferma, usted entiende". Con cara de perro se alejaba y volvía sólo a mirar. Yo no me quería ir hasta que tuviera mi comprobante con firma y timbre. Los minutos parecían eternos, al rato llega la señora con un montón de papeles, me dice: "Firme aquí.. y esta también, y esta es de usted". Estaba feliz, la abrazaba y besaba. Nos fuimos saltando por entre los guardias. Nos despedimos amablemente para que nos abrieran la reja. Y celebramos con unas cervazas bien heladitas.


Al día siguiente fuimos a ver a la señora, que nos había dado su nombre y apellido. Al preguntar por ella nos dicen que murió hace dos años. Ahí si que quedamos heladas... Tenemos una santa del Fondart.


Voy a omitir su nombre, porque lo último, jiji, no es cierto y ella sigue limpiando entre la cultura, la basura y la educación.


1 comentarios:

A las 4/4/07 12:45 p. m. , Anonymous Anónimo ha dicho...

mmm
que tiempo que no me reia tanto

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio